Por Paul krugmanLa versión de esta editorial apareció en la edición impresa del New York Times del 28 de Junio del corriente año en la página A 19 de la edición en Ingles del mencionado periódico. Traducción al Español: Rolando Leturia
En su versión inglesa online la nota generó más de 800 comentarios.
Ni la larga depresión del siglo 19, ni la Gran Depresión del siglo 20 fueron eras de un continuo decaimiento económico- al contrario, ambos períodos incluían períodos de crecimiento económico. Pero esos episodios de mejoría nunca fueron suficientes para deshacer el daño del colapso abrupto inicial, y fueron seguidos por nuevas regresiones.
Nosotros estamos ahora, temo Yo, en los tempranos estadios de una tercera Depresión, esto probablemente se ve mas como una Larga Depresión que la mucho y más severa Gran Depresión. Pero el costo- para la economía mundial y, por encima de todo, para los millones de vidas deterioradas por la ausencia de trabajo- será sin embargo inmenso.
Y esta tercera depresión será principalmente a causa de un fracaso de politicas. Alrededor del mundo- más recientemente en el último fin de semana en la profundamente desalentadora reunión del G-20- los gobernantes están obsesionados con la inflación cuando la amenaza real es la deflación, predicando la necesidad de ajustes, cuando el problema real es el gasto inadecuado.
En 2008 y en 2009, parecía como si hubiésemos aprendido de la historia. Distintos de sus predecesores, quienes subían las tasas de interés frente a la amenaza de una crisis financiera, los actuales líderes de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo redujeron tasas decidiendo apoyar el mercado de créditos. Diferenciándose de los gobiernos del pasado, quienes trataban de balancear los presupuestos de frente a una economía que se hundía, los gobernantes de la actualidad permiten que sus déficits aumenten. Y mejores políticas ayudaron al mundo a evitar un completo colapso: la recesión causada por la crisis financiera termino el último verano (algo discutible).
Pero los historiadores del futuro nos dirán a nosotros que esto no fue el fin de la tercera depresión, tal como la mejoría en los negocios que comenzó en 1933 no fue el fin de la Gran Depresión. Después de todo- el desempleo, especialmente el desempleo de largo término- se mantiene en niveles que podrían haber sido considerados catastróficos no hace mucho tiempo, no mostrando incluso, ningún signo de rápida disminución. Y ambos, Estados Unidos y Europa están bien encaminados hacia el estilo de trampas que implementa Japón contra la deflación.
De caras a esta imagen sombría, quizá usted hubiese esperado de los que implementan las políticas se hubiesen dado cuenta que aun no hicieron lo suficiente para promover la recuperación. Pero no: a través de los últimos meses hubo un sensacional resurgir de políticas ortodoxas basadas en el dinero real (N del T. hard-money: basa el valor de la moneda en activos tangibles) y los presupuestos balaceados.
En lo concerniente a la retorica, este renacer de esta religión muy antigua, es muy evidente en Europa, donde los oficialistas parecen estar tomando sus opiniones de la colección de discursos de Herbert Hoovert (http://es.wikipedia.org/wiki/Herbert_Hoover) incluyendo el reclamo de subir las tasas y recortar el gasto realmente expandirá la economía, mejorando la confianza en los negocios. Como un asunto practico, sin embargo, América no lo está haciendo mucho mejor. La Reserva Federal parece estar consciente de los riesgos deflacionarios- pero lo que propone hacer acerca de esos riesgos es, “nada”. La administración Obama comprende los peligros de una prematura austeridad fiscal- pero debido a los Republicanos y los Demócratas conservadores no autorizarían una ayuda adicional a los gobiernos de los estados, esa austeridad se está produciendo de todas maneras, en la forma de recortes presupuestarios a nivel de estado y a niveles locales.
¿Por qué este giro equivocado en la política? Los de línea dura invocan los problemas por los que atraviesa Grecia y otras naciones alrededor de las fronteras de Europa para justificar sus acciones. Y es verdad que los inversores en bonos se han convertido en administraciones con déficits insolubles. Pero no hay evidencia que una austeridad de corto término de cara a una economía deprimida tranquilice a los inversores. Al contrario: Grecia ha acordado endurecer la austeridad, solo para encontrar sus riesgos propios ciertamente extendidos completamente; Irlanda ha impuesto recortes salvajes en el gasto público, solo para ser tratada por los mercados como un riesgo peor que España, la cual ha estado mucho mas reluctante de tomar el remedio de los de línea dura.
Es casi como si los mercados financieros hubieran entendido no así los que implementan las políticas: que mientras la responsabilidad fiscal de largo término es importante, cortar el gasto en el medio de una depresión, lo cual profundiza esa depresión y propicia el camino para una depresión, es realmente una derrota autoimpuesta.
Por lo tanto, no pienso francamente que esto se trate de Grecia, o realmente acerca de ninguna apreciación realista de lo que se pierde o se gana entre déficits y trabajos. Es por sobre todo la victoria de una ortodoxia que tiene poco que ver con un análisis racional, y es como usted ve al líder en tiempos difíciles, cuyo principio principal es imponer sufrimiento sobre otra gente.
¿Y quién pagara el precio del triunfo de esta ortodoxia? La respuesta es, muchos millones de trabajadores desempleados, muchos de los cuales quedaran sin trabajo por años, y muchos de ellos nunca trabajaran nuevamente.
Traducción al Español: Rolando Leturia
En su versión inglesa online la nota generó más de 800 comentarios.
Ni la larga depresión del siglo 19, ni la Gran Depresión del siglo 20 fueron eras de un continuo decaimiento económico- al contrario, ambos períodos incluían períodos de crecimiento económico. Pero esos episodios de mejoría nunca fueron suficientes para deshacer el daño del colapso abrupto inicial, y fueron seguidos por nuevas regresiones.
Nosotros estamos ahora, temo Yo, en los tempranos estadios de una tercera Depresión, esto probablemente se ve mas como una Larga Depresión que la mucho y más severa Gran Depresión. Pero el costo- para la economía mundial y, por encima de todo, para los millones de vidas deterioradas por la ausencia de trabajo- será sin embargo inmenso.
Y esta tercera depresión será principalmente a causa de un fracaso de politicas. Alrededor del mundo- más recientemente en el último fin de semana en la profundamente desalentadora reunión del G-20- los gobernantes están obsesionados con la inflación cuando la amenaza real es la deflación, predicando la necesidad de ajustes, cuando el problema real es el gasto inadecuado.
En 2008 y en 2009, parecía como si hubiésemos aprendido de la historia. Distintos de sus predecesores, quienes subían las tasas de interés frente a la amenaza de una crisis financiera, los actuales líderes de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo redujeron tasas decidiendo apoyar el mercado de créditos. Diferenciándose de los gobiernos del pasado, quienes trataban de balancear los presupuestos de frente a una economía que se hundía, los gobernantes de la actualidad permiten que sus déficits aumenten. Y mejores políticas ayudaron al mundo a evitar un completo colapso: la recesión causada por la crisis financiera termino el último verano (algo discutible).
Pero los historiadores del futuro nos dirán a nosotros que esto no fue el fin de la tercera depresión, tal como la mejoría en los negocios que comenzó en 1933 no fue el fin de la Gran Depresión. Después de todo- el desempleo, especialmente el desempleo de largo término- se mantiene en niveles que podrían haber sido considerados catastróficos no hace mucho tiempo, no mostrando incluso, ningún signo de rápida disminución. Y ambos, Estados Unidos y Europa están bien encaminados hacia el estilo de trampas que implementa Japón contra la deflación.
De caras a esta imagen sombría, quizá usted hubiese esperado de los que implementan las políticas se hubiesen dado cuenta que aun no hicieron lo suficiente para promover la recuperación. Pero no: a través de los últimos meses hubo un sensacional resurgir de políticas ortodoxas basadas en el dinero real (N del T. hard-money: basa el valor de la moneda en activos tangibles) y los presupuestos balaceados.
En lo concerniente a la retorica, este renacer de esta religión muy antigua, es muy evidente en Europa, donde los oficialistas parecen estar tomando sus opiniones de la colección de discursos de Herbert Hoovert (http://es.wikipedia.org/wiki/Herbert_Hoover) incluyendo el reclamo de subir las tasas y recortar el gasto realmente expandirá la economía, mejorando la confianza en los negocios. Como un asunto practico, sin embargo, América no lo está haciendo mucho mejor. La Reserva Federal parece estar consciente de los riesgos deflacionarios- pero lo que propone hacer acerca de esos riesgos es, “nada”. La administración Obama comprende los peligros de una prematura austeridad fiscal- pero debido a los Republicanos y los Demócratas conservadores no autorizarían una ayuda adicional a los gobiernos de los estados, esa austeridad se está produciendo de todas maneras, en la forma de recortes presupuestarios a nivel de estado y a niveles locales.
¿Por qué este giro equivocado en la política? Los de línea dura invocan los problemas por los que atraviesa Grecia y otras naciones alrededor de las fronteras de Europa para justificar sus acciones. Y es verdad que los inversores en bonos se han convertido en administraciones con déficits insolubles. Pero no hay evidencia que una austeridad de corto término de cara a una economía deprimida tranquilice a los inversores. Al contrario: Grecia ha acordado endurecer la austeridad, solo para encontrar sus riesgos propios ciertamente extendidos completamente; Irlanda ha impuesto recortes salvajes en el gasto público, solo para ser tratada por los mercados como un riesgo peor que España, la cual ha estado mucho mas reluctante de tomar el remedio de los de línea dura.
Es casi como si los mercados financieros hubieran entendido no así los que implementan las políticas: que mientras la responsabilidad fiscal de largo término es importante, cortar el gasto en el medio de una depresión, lo cual profundiza esa depresión y propicia el camino para una depresión, es realmente una derrota autoimpuesta.
Por lo tanto, no pienso francamente que esto se trate de Grecia, o realmente acerca de ninguna apreciación realista de lo que se pierde o se gana entre déficits y trabajos. Es por sobre todo la victoria de una ortodoxia que tiene poco que ver con un análisis racional, y es como usted ve al líder en tiempos difíciles, cuyo principio principal es imponer sufrimiento sobre otra gente.
¿Y quién pagara el precio del triunfo de esta ortodoxia? La respuesta es, muchos millones de trabajadores desempleados, muchos de los cuales quedaran sin trabajo por años, y muchos de ellos nunca trabajaran nuevamente.
Traducción al Español: Rolando Leturia

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